Cinco poemas del libro El mar de los naufragios

RESTOS DE UNA VIDA EN BLANCO

Restos de una vida en blanco
descienden como una lluvia
de agua herida,
y caen como la bruma
en la ciudad más sombría.

Desde el mirador
proyecto un alma rota
y un final.

Abandoné mis recuerdos
en callejones sin salida,
en los campos más minados
de miradas fingidas.
Di de baja a mis sueños
en aeropuertos vacíos
y en los parques más distantes
de unos ojos dormidos.

Huellas de una vida en blanco
se desvanecen como un suicida
en la noche herida,
y se pierden entre la niebla
de la calle más fría.

Estrellas de sal
vigilan la derrota
y un nuevo final.

Cancelé mi sonrisa
en paisajes desiertos,
en los lagos más secos
de unos ojos sin dueño.
Le aposté mis cenizas
al mundo más ciego,
y ahora vivo atrapado
en unos ojos de invierno.

 

HUELLAS

Huellas en la nieve,
en la ciudad de los recuerdos.
Éramos promesas
y éramos tú y yo.
Hoy que no te veo,
que no te recuerdo,
estoy pensando en ti.
Tú ya me olvidaste
y me encuentras en tus sueños.

Huellas en la lluvia,
en la calle y en los huecos.
Éramos olvido
y vivíamos de amor.
Hoy que no te siento,
que no me lamento,
escribo bien sin ti.
Tú ya me olvidaste
y me llamas en tus sueños.

Escribo versos de tu amor
que son huellas vacías
en la oscuridad,
huellas muertas
de otro tiempo,
huellas que nos dicen
que no está perdido
lo que estaba muerto
antes de nacer.

Huellas en mi alcoba,
en la cama de tus recuerdos.
Éramos lascivia
y éramos desierto.
Hoy que no te pienso,
que no me arrepiento,
vivo bien sin ti.
Tú ya me olvidaste
y me evocas en tus sueños.

Escribo versos de tu olvido
que son huellas pintadas
en mares de tristeza,
huellas dormidas
en tus ojos,
huellas de tus besos
que se pierden a lo lejos
como un poema de heridas abiertas
en mis sueños.

 

LAS HORAS DE NOCHE

Las horas pasan
como aviones negros
en la oscuridad,
esa oscuridad más inmensa
que una noche entera
vestida de luto
y descansando sobre la neblina
de callejones sin salida.

Veo luces que cierran sus párpados
sobre mi ciudad dormida
y al mundo pasearse contigo entre sueños;
sueños que avanzan
como vagones dorados
por las vías de la noche,
esa noche que muere al amanecer
sobre los parques divinos de tus ojos
y que regresa
al final del atardecer
para volver a renacer
en la luna llena de tu risa.

 

NOCHES PROFUNDAS

Tiempo buscando mi corazón
en las calles más frías de tus ojos.
La luna alumbra mi soledad
y el sueño largo de los gatos.

Camino lento bajo la lluvia,
entre el llanto de los perros.
Estoy atrapado en tu universo,
entre luces rojas.
Voy cayendo desde un rascacielos
al estanque de tu mirada,
tu mirada seca.
Noches en las calles más profundas de tus ojos,
de tus ojos negros.

Tiempo arrastrándome
hacia un mundo lleno de vidas rotas,
donde pretendo redescubrir
deseos claros en almas mudas.

Ya no siento ni mis pasos
en la lluvia más helada.
Estoy hundiéndome en tus ruinas,
bajo nubes muertas.
Voy buscando una palabra
en los labios de tu mirada,
tu mirada sucia.
Noches en las calles más profundas de tus ojos,
de tus ojos negros.

Tiempo buscando mi corazón
en las calles ciegas de tus ojos.
La luna escupe mi soledad
y el sueño eterno de los gatos.

 

VEINTE LÍNEAS

Tres de la madrugada y me encuentro en un local que da cobijo a quienes beben para olvidar (uno de esos bares perdidos donde puedes comprar amaneceres a cambio de perder la razón sin lastimar). Lejos de mí mismo, y sin nada más por apreciar, he osado valorar una minúscula victoria en este lugar que, curiosamente, se ubica en la ciudad de la mediocridad.
Pasan las horas y huelen a cansancio. Un mozo atolondrado, vestido con traje de imprudencia, me pregunta si la he vuelto a encontrar.
¿Encontrar a quién? ¿A qué alma en pena le puede importar si me olvidé de continuar por una absurdidad o si esta noche finalmente he decidido claudicar? Yo le respondí: «He atravesado algunos años para poderlo celebrar, para poder abandonar mis calendarios en esta botella sin final. Hoy quiero que sepas lo que voy a festejar: ayer escribí veinte líneas, y sólo diecinueve eran para ella».
No había nada más por resaltar.

Diego M. Eguiguren, El mar de los naufragios, 2010; 2015
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú
ISBN: 978-612-47002-0-0