LUCES DORMIDAS: LA POESÍA TAMBIÉN HABITA EL PEOR INSTANTE

Por Melina González Guzmán (México)

Diego llega puntual, serio, siguiendo el momento, cavando palabras, sacándolas de su muerte, reviviéndolas. Él es su propio poema, y vuelve a mostrarnos su capacidad de rehacerse a sí mismo.

Es el poemario Luces dormidas (Eureka, 2017) una constante confesión de un oficio que se urde con verdadero dolor. Con su desesperanza y dosis de anestesia, Eguiguren se atreve a advertirnos que ya no ha de escribir más versos pues «todo está perdido», pero continúa. Hay en él una prisa y gusto por la captura, un incesante e implacable anhelo de citar detalles de lugares y de luces que indican la lenta y fatal expropiación del sentido de la existencia. Leerlo implica que se retarde la vida en cada mensaje.

Más vale que el lugar donde te tome este poemario sea lo suficientemente corpóreo para aferrarte a él. Luces dormidas suspende la respiración. Diego teje la labor poética con naturalidad abstracta y al mismo tiempo precisa del incesante flujo de metáforas que constituyen su impulso y su trama. Esta es la constante presencia de una visión ambigua, un doble filo capaz de dar una corpórea concreción al eterno fantasma femenino que ha hecho de su tiempo una penumbra y, por el contrario, también conferir esbozos míticos más usuales, palpables, con líneas de fuga sin retorno.

En el vasto e implacable poemario, la ausencia de un amor se conduce como la verdadera punta punzante de una sola conclusión: la urgencia por hacer de la espera algo habitable. Diego pasa por el ojo de una aguja el completo autopoema que él es: hombre-poemario hecho de hilos de luz, que enhebra y extiende en la sentencia más definitiva la trama que sitia el desaliento, «la poesía del peor instante».

ACERCA DE MELINA GONZÁLEZ GUZMÁN

Es licenciada en Literatura dramática por la UNAM. Ha publicado la novela Nana Ñ’u (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2011). Becaria en dos ocasiones por el Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Hidalgo. Además, ha escrito en periódicos como El Financiero y La Jornada. Actualmente es colaboradora de la revista de periodismo narrativo 451 EFE.