Diego M. Eguiguren y el noble oficio del corrector

Diego M. EguigurenPor: Percy Espinoza

El 27 de octubre se celebra el Día Internacional de la Corrección o Día del Corrector de Textos. Diego Eguiguren cumple con la noble labor de velar por los libros de la Editorial Micrópolis, sello dedicado a la Minificción. Quién mejor que él para contarnos sobre su experiencia y sobre el cuidado en el uso del idioma.

-¿Cómo decides ser corrector?
Resulta peculiar, porque yo no pensé dedicarme a esto —tampoco a la escritura—, pero los trayectos te van llevando a determinados lugares; cuando llegas, ya casi no eres consciente de cómo pasó o por qué. Yo planeaba dedicarme al periodismo escrito, y desistí por razones de vocación e ideales. A pesar de trabajar como corrector en un medio periodístico, siempre me fascinó la literatura. Ingresé a este mundo escribiendo poemas, producciones propias, luego me capacité para ser corrector de estilo. No estoy seguro de cómo pasó, fue algo a lo que llegué involuntariamente, por la necesidad de algún contacto. Ha transcurrido el tiempo y considero, sin duda, que esto ahora me cautiva.

-¿Crees que al oficio de corrector no se le reconoce como debe ser?
Es la penosa realidad. Te soy sincero, yo pienso que este trabajo sólo es valorado por alguien que se dedique a lo mismo. La cantidad de tiempo que se invierte no está relacionada con el reconocimiento ni con la ganancia.

-¿El oficio del corrector es difícil? ¿Por qué?
Más que ser difícil en su aspecto general, es complicado en literatura. ¿Por qué? Por las herramientas, los tecnicismos. No basta con los conocimientos básicos del idioma y de la redacción promedio, hay que instruirse cada día respecto a muchos detalles. Leer mucho es el mejor utensilio, además de ser minucioso, casi un maniático.

-¿Encontraste tu vocación por casualidad?
Hoy, teniendo en cuenta las circunstancias, te digo que sí. Mi futuro está aquí —entre las letras—, como escritor o corrector.

-¿La era digital ha favorecido al trabajo del corrector?
Es subjetivo. Un corrector se puede sentir favorecido al conseguir empleo en cualquier parte del mundo, pero no siempre se siente cómodo laborando en un ordenador. El trato directo y las marcas en papel son una alternativa indubitablemente vigente.

-¿Es difícil corregir un microrrelato o es más fácil por su extensión?
Puede que sí, puede que no. Más allá de expresar que escribir —o editar— un microrrelato es más sencillo o más complejo, en comparación con un texto de mayor extensión, todo depende de la pluma y del carácter del autor.

-¿Qué libros guardas con aprecio de los que has corregido?
Me siento gratificado, ha sido una buena temporada. Ahora mismo se me ocurren dos: Príncipe busca princesa de la escritora chilena Lorena Díaz Meza y Noche de brujas, antología personal del poeta y narrador argentino Antonio Jesús Cruz.

-Cuando corriges un libro de minificción, ¿cuál es tu mecánica de trabajo?
Lo principal es leer de la manera más concienzuda posible, familiarizarse con el escritor. Si detecto algún error o algo que no me parece adecuado, sugiero los cambios. Siempre entrego una primera muestra de las variaciones a la espera de continuar editando. Llegar a un acuerdo es lo primordial. El autor es quien finalmente decide.

-Podrías afirmar que la mayor satisfacción que puede sentir un corrector es que el autor quede contento con el trabajo realizado?
Lo puedo afirmar, sí. No siempre se logra intimar, congeniar o trabajar lo suficiente, pero el objetivo tiene que ser mutuo: publicar un buen producto.

-¿Se puede perder la voz del autor después de una corrección?
En mi caso —y te respondo sin dudarlo— esto es inviable. La idea es realizar un trabajo de limpieza y de sugerencias que puedan enriquecer el texto, no de estructuras ni de modos narrativos. Pasar por encima del autor no es una opción, no puede serlo.

-¿Cuáles son los errores más comunes que te encuentras en textos de tipo literario?
Es muy común encontrar oraciones muy largas, exceso de adjetivos y de conectores, pausas prescindibles, queísmos y dequeísmos.

-¿Te ha tocado recibir un texto tan mal escrito que has rechazado la posibilidad de corregirlo?
No, no se ha presentado tal vicisitud. Ocurre, de vez en cuando, que llegan ciertos textos universitarios muy mal redactados, pero ya sabes que se gana poco en esto. Ni modo, pues, hay que trabajarlos. Y ser paciente, claro.

-¿Tienes alguna anécdota que te haya ocurrido dentro de tu labor como corrector?
Tal vez una, creo. Ocurre que se presentó un cliente de Puerto Rico. Según el acuerdo, el depósito se haría vía Western Union. Yo, que no estoy muy informado, fui a cobrar. Fui, sí, pero no cobré (hacía falta un código de trasferencia). ¿Qué pasó? Tuve que regresar a casa con los bolsillos vacíos. Recibí el código unas horas después, venturosamente.

-Finalmente, ¿qué libro de microrrelatos estás corrigiendo actualmente?
Enanos que pueden crecer, del escritor nacional Carlos Meneses.