Palabras en la presentación de Luces dormidas (FIL 2017)

Por Diego M. Eguiguren

Ángel González escribe lo siguiente:

Leo poemas al azar,
leo casi sin pensar en lo que leo.
Cuando me encuentro un verso triste
siento en el alma como una caricia.
No es que me alivie la tristeza ajena,
es que me siento menos solo.

Este es uno de mis poemas favoritos de siempre. Y hoy ustedes me hacen ver que tal vez no sea yo el solitario, que la soledad es un espacio temporal o que, en definitiva, como diría Cormán, es simplemente como una ventana que puedes abrir o puedes cerrar.

Muchas gracias por estar aquí.

Para ampliar este agradecimiento, quiero mencionar a algunas personas: a Lucho Zúñiga, por sus palabras y su mano siempre extendida; a los responsables de la producción de Luces dormidas: Alberto Benza (director de Eureka) y Dany Doria (diagramador de la editorial); al profesor Ricardo González Vigil por los comentarios acerca de mi obra y a la Cámara Peruana del Libro por la oportunidad.

Parece que estos textos intimistas me van definiendo, con el paso de los años, como un expositor de momentos bajos. Es casi una obviedad decirlo, incluso un lugar común, pero esto es porque escribo en tales circunstancias. En mis momentos felices, que también son muchos, seguramente hago cualquier cosa que no sea producir. Y siempre tengo la certeza de que la vida es para disfrutarla, ¿no? Esto es como hablar también de hasta qué punto puede ser ficcional un poema. Hay poetas de todo tipo, y no necesariamente un poema es autobiográfico. En mi caso, y yo siempre lo digo, la imaginación no es mi mejor herramienta, y por eso siempre termino recurriendo a lo que tengo a mi alcance, que es mi propia vida, mis propios sentimientos y lo que me interesa decir: la lucha constante contra uno mismo. Se puede escribir un poema creando un personaje, personaje que en mis líneas casi nunca existe. Siempre sé por qué motivo escribí un poema o un verso. Técnicamente si podría siempre se puede escribir un poema ficcional, pero no es mi estilo: yo escribo por necesidad.

Hablando ya del estilo de Luces dormidas, se trata de un poemario que prioriza la contundencia del mensaje por encima de la carga poética. Ustedes verán que son poemas breves, fáciles de leer y con una idea muy clara de lo que quiero hacer saber. En anteriores trabajos tal vez me preocupé más por el verso mejor elaborado, mejor pensado e incluso rimado. Esta vez he querido ser directo, aunque sin descuidar tampoco las imágenes que son parte de mi sello.

Quiero contarles también que este libro no llega solo, lo acompaña una antología titulada Un camino de regreso, que hace repaso de anteriores trabajos e incluye un adelanto de mi nuevo poemario: El balcón de la espera.

Espero que Luces dormidas les guste tanto como a mí. Pienso que he escrito el que es, hasta hoy, mi mejor libro, con un formato con el que me siento más cómodo. Julio Cortázar decía que había que poner poesía en la vida de la gente, y yo siempre he tratado de conseguirlo, aunque creo que hoy lo hago un poco mejor.

Este poema se titula «Todo lo que no», y pienso que es útil para conocer la atmósfera del libro:

TODO LO QUE NO

Finalmente
tendré algo de ti
ahora que me dejas
la eternidad de tu espalda
y desapareces,
a la distancia,
con todo lo que para ti no fui.

Después de todo esto,
no más conclusiones escritas
en las paredes blancas
de mis días.

Soy todo lo que no me diste
y todo lo que no te di.

Sean felices, que no es difícil. Muchas gracias.

Más fotos del evento en el siguiente enlace:
Fotos en la presentación de Luces dormidas

Acerca de Interludio

Logo de Interludio 1Fundado el 25 de enero de 2017 por Eduardo Alberca Ruiz y yo, Interludio es un espacio cultural dedicado a la difusión de letras musicales, versos, poemas completos y pinturas de diversos artistas.

La idea de este nombre, que además goza de mucha relación con el contenido de nuestra página en Facebook, parte de la canción «Interludio», escrita por el poeta Jesús María Cormán e interpretada por Mikel Erentxun en su álbum Acróbatas, de 1998.

Los objetivos de este sitio de encuentro son compartir gustos en común y, como algo no menos importante, difundir nuestra propia obra.

Esperamos estar lo más cerca posible de nuestros seguidores.

Pueden visitar la página siguiendo el enlace:
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El mar de los naufragios: nueva reseña

El mar de los naufragios - EguigurenPor: Lucho Zúñiga

La carátula de El mar de los naufragios (Eureka, 2015), de Diego M. Eguiguren, muestra a un joven que sobrevive encima de un peñasco, protegido por una caja, en medio del mar.

Después de leer las dos secciones del libro, «Naufragios» y «Desde ninguna parte», agrego dos personajes imaginarios a la carátula: una musa anciana y otra joven. La anciana prefiere los versos más sombríos del náufrago, como aquel donde decide apostar sus cenizas en busca de respuestas, o convocar a «actores de películas de amor / varados al amanecer» perdidos al igual que él en su peñasco. La otra musa, la más joven, es la que prefiere los versos que otros poetas y cantantes repiten: «Musa de genios / sublime mujer / baño noviembre / con versos de ti». Esto enfurece a la anciana que le recuerda, una y otra vez, que él también fue capaz de convocar atmósferas cantando «la cálida muerte en que nací», palabras que van formando la «caja» protectora encima de esa isla de piedra.

La síntesis de la lucha entre estas dos musas se revela con claridad en la última estrofa que cierra «Naufragios»: Y ahora estoy aquí / en ninguna parte / escribiendo poemas / que no lee nadie». Entonces, más que frente a un poemario, estamos frente a la misma peripecia vital de su protagonista que dice: «Y yo / vestido de negro / leo mi biografía / en un libro de páginas en blanco»; es decir, que no le teme a la conciencia del fracaso, del silencio de aquel que no fue escuchado, silencio que necesita con urgencia el alimento de imágenes poéticas.

La musa joven celebra cuando el poeta declama y lo obliga a olvidar a la anciana que aborrece esa música. Es esa anciana que es la historia de la Poesía la que vuelve de nuevo, porque sabe que la lucha dará frutos en el tiempo.

Ese momento en que el yo poético dice regresar «de un oscuro letargo a la cabaña gris de mi presente» para sentenciar en la última línea del libro «pido perdón por existir» es cuando nos damos cuenta de que el invierno de Eguiguren es en verdad un autoexilio. Su propuesta es no tener miedo en decirle al lector cómo son las canciones de su mundo subterráneo, esos «poemas que nadie lee» escritos desde «ninguna parte».

Y la anciana de la Poesía no olvida versos, es por eso que regresa a El mar de los naufragios que sólo existe en el mapa sensorial de Eguiguren, un lugar que promete la muerte de la falsa poesía ante la cual el poeta se rinde, porque la soledad de sus propias olas sólo le dejan escuchar esa música.

Fuente: Revista cultural El Hablador

http://www.elhablador.com/blog/2016/04/01/resena-a-el-mar-de-los-naufragios-de-diego-m-eguiguren/

Bajo un cielo de ceniza, segunda edición

Bajo un cielo de ceniza - EguigurenPor: Daniel Frini

Bajo un cielo de ceniza (poesía y minificción), de Diego M. Eguiguren, editado e impreso por Editorial Micrópolis, va por su segunda edición. Leerlo fue una gratísima experiencia.

Diego organizó su libro en capítulos o secciones («Como se lanza una piedra al mar», «Metáfora de fe», «Caminos secretos», «Aroma de antaño», «Cátedra», «Un abismo por conocer», «Por enésima vez», «Tantas cosas» y «Habitación») que actúan como aglutinantes de sus poemas y sus textos de narrativa. Y acá aparece la primera trampa: todas las microficciones destilan poesía. Es decir, sin ser narrativa poética, rebosan de imágenes y sonidos que las alejan de la narrativa. Por tanto, Bajo un cielo de ceniza se me antoja un libro de entera poesía. Y bienvenidos sean los poemas de Diego.

Bien sabido es que la poesía es mágica, misteriosa. Y que leer poesía es, además, un acto solitario, personal y múltiple ―múltiple en el sentido de que, como en la física existe el espacio/tiempo, acá existe una especie de tiempo/sentimientos; y no será la misma poesía la que leamos estando melancólicos que alborozados―. Y en ese sentido, Bajo un cielo de ceniza es ideal para ejercitarse.

Descubrí varias cosas:

Por ejemplo, que Diego falta a la verdad sobre las razones por las que escribe ―acá está la segunda trampa― cuando dice en «Lo que repitió Bukowski durante un día completo»: Qué lástima tener que despertar siempre a destiempo, Charles querido, y es que se me olvida decirte que los poemas de amor los escribo por oficio y compromiso. De leer a Diego uno entiende que no es posible escribir esa poesía por simple oficio ―que lo hay, claro está― o por compromiso. La de Diego es poesía que sale de las entrañas.

Encontré, por fin, la tercera trampa: si se está lo suficientemente atento, se descubre otra poesía oculta ―metapoesía, quizá― que se puede entrever desde la primera estrofa de «Al final», poema que abre el libro, hasta la última de «A unos metros», que lo cierra. No está escrita, en el sentido de poema organizado en estrofas, pero está allí, como un viaje pendular entre el desamor (Sentado en esta silla oxidada pienso en rumbos desconocidos, en caminos secretos. Vuelvo a levantar mi copa, rajada por penurias y derrotas ―en «Caminos secretos»―) y la esperanza (Ahora que la luna exhibe tanto / que la muerte ruega tregua / que el presente nos enmienda / el amor nos ha salvado ―en «La muerte ruega tregua»―) para volver al desasosiego (Veo / desde el ático / gaviotas que vuelan / buscando el amor en el cielo / y terminan por caer / como siempre / al pantano más triste del tiempo ―en «Tu castillo de hielo»―).

Diego tiene una manera especial de escribir hermosas metáforas de los sentimientos. Creo que no las piensa al escribirlas, que las dice así porque están allí, en su intuición: En «Desde el bar que nunca cierra» dice: Seguramente juzgarías / y con razón / que estoy exhausto de resucitar; en «Cuarto vacío»: La tos se burla de mí / tengo vidrios rotos en la voz; y en «Tu fotografía»: Lo articuló un amigo poeta: «Descarrilado, pero en línea recta».

Y Diego tiene, también, la justa manera de reunirnos con el amor, a pesar de todo: El día que te tenga / —así sea— / te regalaré un planeta / una estrofa nueva / y una historia bella (en «Pez de tierra»).

Un comentario especial merece la siempre extraordinaria edición de Micrópolis: cuidada, precisa y de calidad (con una hermosa ilustración de tapa: Sueño: abrir y cerrar de ojos, de Lucía Bertarini), que deja leer con placer.

Acerca del reseñista:

Daniel Frini (Córdoba, Argentina, 1963) es escritor, poeta y artista plástico. Ha sido distinguido con varios premios literarios, entre los que se encuentran: 1er Premio en el género «Cuento» del IV certamen de Cuento Breve y Poesía Cosme Sebastián; Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve para Niñas y Niños «Garzón Céspedes», con su obra breve «Ludmila y el Ratón Pérez» (2009, Madrid / México D. F.); Premio «La Oveja Negra» de Microrrelatos con su cuento «Siseneg» (2009, Buenos Aires, Argentina); 1er Premio del IX Certamen Internacional de Poesía «La Lectora Impaciente» (2011, Gandía, Valencia, España) con su poema «¿Recuerdas, amor, cuando cayeron las bombas?».

Fuente: Revista cultural El Buen Librero (http://elbuenlibrero.com/bajo-un-cielo-de-ceniza/)

Cinco poemas del libro Bajo un cielo de ceniza

DESDE EL BAR QUE NUNCA CIERRA

Diré que todo fue un craso error,
y lo diré con razón.
Diré que ahora paso las tardes
extraviando mis ideas
en un libro de otoño y que,
al anochecer,
un bar que nunca cierra
me da la salvación.

¿Qué pensarías de esta situación
si me vieras aturdido por nuestro huracán?
Seguramente juzgarías,
y con razón,
que estoy exhausto de resucitar.

Alguna vez me tomaré un día libre
y reservaré,
en un café,
una mesa para dos:
me explicaré las cosas
que nunca fui capaz de contestar
cuando me fui por la mitad.

¿Qué puedo ahora callar?
Me importa lo que digas
y lo que sentencie tu pensar,
pero sé que ante tus ojos
yo no soy real.

Los meses,
grises y apenados,
se marcharán sin avisar.

¿Quién vendrá después a higienizar
este aguacero?
Ya luego se verá.
Una noche más,
y por tantas otras más,
sólo me apetece levantar las copas
y brindar,
brindar para olvidar.

 

LAGO

En realidad,
y aunque lo niegue,
has logrado rescatarme
de una vida de muerte.
Hoy ya no tengo más escombros
del infierno que sentí.
Entiendo que no es fácil de creer,
pero afortunado te diré
que, más allá de vivir mis días más felices
y de haber salvado a mi risa de su entierro,
no concibo otro futuro
que morirme en tu lago
cada noche y en sosiego.

 

TU ROSTRO: UN GOLPE BAJO

Veo tu rostro de golpe bajo
sobre la niebla
de penas sin fondo
y un bar cerrado.

Triunfos de barro,
sueños vacíos,
golpes certeros
en este presente
de sed y de olvido.

Desorientado
cruzo la calle,
oigo en silencio
tu voz de sangre.

Veo tu rostro de golpe bajo,
vuela en el cielo
como un cometa
de amores falsos.

Viejas batallas,
balas de antaño,
sobres sin nada
en este presente
de cartas en blanco.

Desconcertado
cruzo otra calle,
busco un albergue
en tierras de nadie.

Veo tu rostro de golpe bajo
sobrevolando cerros
de errores
y un río helado.

No hay esperanza,
no queda nada.
Y veo al pasado
con armas blancas
en tu mirada.

 

CUARTO VACÍO

La tos se burla de mí,
tengo vidrios rotos en la voz.
Esta madrugada he terminado una obra eterna,
he recogido mi garganta
y me he dirigido a mi habitación.

Descanso entre llamas
y en perfecto silencio.
Te siento a mi lado,
ya no tan lejos.
No mueres conmigo,
pero cierro los ojos
y puedo besar,
con reposo,
tus párpados tranquilos
olvidándolo todo.

Entre sueños te observo,
en la cama dormitas como tigre dormido.
Me entrego a tus campos y medito,
con sosiego,
si mi vida ha progresado,
si sigue siendo de cartón
o ahora es de anhelos.

Y todo,
absolutamente todo
por echarte de menos
en este cuarto vacío
que extraña tu amor,
tu amor y tus besos
de Dios y de fuego
que exige mi prado
en todo momento.

 

BAJO UN CIELO DE CENIZA

He permanecido aquí,
en la blanca tempestad,
desolado y descifrando
a qué se debe este fracaso,
a qué se debe este final.
Puede que las respuestas
no las encuentre
bajo un cielo de ceniza
y que maldiga el futuro
que se fue detrás de ti,
pero al haber ya comprendido que,
al menos contigo,
en el amor más vale nunca que tarde,
he preferido contemplar
el panteón que hay sobre mí.

Diego M. Eguiguren, Bajo un cielo de ceniza, 2011; 2015
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del perú
ISBN: 978-612-46537-7-3

Cinco poemas del libro El mar de los naufragios

RESTOS DE UNA VIDA EN BLANCO

Restos de una vida en blanco
descienden como una lluvia
de agua herida,
y caen como la bruma
en la ciudad más sombría.

Desde el mirador
proyecto un alma rota
y un final.

Abandoné mis recuerdos
en callejones sin salida,
en los campos más minados
de miradas fingidas.
Di de baja a mis sueños
en aeropuertos vacíos
y en los parques más distantes
de unos ojos dormidos.

Huellas de una vida en blanco
se desvanecen como un suicida
en la noche herida,
y se pierden entre la niebla
de la calle más fría.

Estrellas de sal
vigilan la derrota
y un nuevo final.

Cancelé mi sonrisa
en paisajes desiertos,
en los lagos más secos
de unos ojos sin dueño.
Le aposté mis cenizas
al mundo más ciego,
y ahora vivo atrapado
en unos ojos de invierno.

 

HUELLAS

Huellas en la nieve,
en la ciudad de los recuerdos.
Éramos promesas
y éramos tú y yo.
Hoy que no te veo,
que no te recuerdo,
estoy pensando en ti.
Tú ya me olvidaste
y me encuentras en tus sueños.

Huellas en la lluvia,
en la calle y en los huecos.
Éramos olvido
y vivíamos de amor.
Hoy que no te siento,
que no me lamento,
escribo bien sin ti.
Tú ya me olvidaste
y me llamas en tus sueños.

Escribo versos de tu amor
que son huellas vacías
en la oscuridad,
huellas muertas
de otro tiempo,
huellas que nos dicen
que no está perdido
lo que estaba muerto
antes de nacer.

Huellas en mi alcoba,
en la cama de tus recuerdos.
Éramos lascivia
y éramos desierto.
Hoy que no te pienso,
que no me arrepiento,
vivo bien sin ti.
Tú ya me olvidaste
y me evocas en tus sueños.

Escribo versos de tu olvido
que son huellas pintadas
en mares de tristeza,
huellas dormidas
en tus ojos,
huellas de tus besos
que se pierden a lo lejos
como un poema de heridas abiertas
en mis sueños.

 

LAS HORAS DE NOCHE

Las horas pasan
como aviones negros
en la oscuridad,
esa oscuridad más inmensa
que una noche entera
vestida de luto
y descansando sobre la neblina
de callejones sin salida.

Veo luces que cierran sus párpados
sobre mi ciudad dormida
y al mundo pasearse contigo entre sueños;
sueños que avanzan
como vagones dorados
por las vías de la noche,
esa noche que muere al amanecer
sobre los parques divinos de tus ojos
y que regresa
al final del atardecer
para volver a renacer
en la luna llena de tu risa.

 

NOCHES PROFUNDAS

Tiempo buscando mi corazón
en las calles más frías de tus ojos.
La luna alumbra mi soledad
y el sueño largo de los gatos.

Camino lento bajo la lluvia,
entre el llanto de los perros.
Estoy atrapado en tu universo,
entre luces rojas.
Voy cayendo desde un rascacielos
al estanque de tu mirada,
tu mirada seca.
Noches en las calles más profundas de tus ojos,
de tus ojos negros.

Tiempo arrastrándome
hacia un mundo lleno de vidas rotas,
donde pretendo redescubrir
deseos claros en almas mudas.

Ya no siento ni mis pasos
en la lluvia más helada.
Estoy hundiéndome en tus ruinas,
bajo nubes muertas.
Voy buscando una palabra
en los labios de tu mirada,
tu mirada sucia.
Noches en las calles más profundas de tus ojos,
de tus ojos negros.

Tiempo buscando mi corazón
en las calles ciegas de tus ojos.
La luna escupe mi soledad
y el sueño eterno de los gatos.

 

VEINTE LÍNEAS

Tres de la madrugada y me encuentro en un local que da cobijo a quienes beben para olvidar (uno de esos bares perdidos donde puedes comprar amaneceres a cambio de perder la razón sin lastimar). Lejos de mí mismo, y sin nada más por apreciar, he osado valorar una minúscula victoria en este lugar que, curiosamente, se ubica en la ciudad de la mediocridad.
Pasan las horas y huelen a cansancio. Un mozo atolondrado, vestido con traje de imprudencia, me pregunta si la he vuelto a encontrar.
¿Encontrar a quién? ¿A qué alma en pena le puede importar si me olvidé de continuar por una absurdidad o si esta noche finalmente he decidido claudicar? Yo le respondí: «He atravesado algunos años para poderlo celebrar, para poder abandonar mis calendarios en esta botella sin final. Hoy quiero que sepas lo que voy a festejar: ayer escribí veinte líneas, y sólo diecinueve eran para ella».
No había nada más por resaltar.

Diego M. Eguiguren, El mar de los naufragios, 2010; 2015
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú
ISBN: 978-612-47002-0-0

www.diegoeguiguren.info