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Cinco poemas del libro Luces dormidas

A ESTAS ALTURAS

Te vi,
tras el paso fulminante
de los años.
Estabas ahí,
con tu traje de hielo,
como entonces.

Inquiero en el desdén
de tu gesto
y recuerdo
haber caído en cada grieta
de tus campos.
Pero a estas alturas,
viejo amor,
aún en vías del fracaso,
en medio de otra contienda,
ya ni siquiera
—ni por costumbre—
te deseo lo peor.

 

TODO LO QUE NO

Finalmente
tendré algo de ti
ahora que me dejas
la eternidad de tu espalda
y desapareces,
a la distancia,
con todo lo que para ti no fui.

Después de todo esto,
no más conclusiones escritas
en las paredes blancas
de mis días.

Soy todo lo que no me diste
y todo lo que no te di.

 

SIEMPRE, INCLUSO AHORA

El invierno
vierte su pena
sobre tejados
de ceniza.

Y siento tantas ganas
de no hacer,
tantos antojos
de no tener
antojos.

Y la vida continúa,
siempre,
incluso ahora,
cuando la anchura
de tu ausencia
eclipsa otro momento
y revela su bravura.

 

JUSTO AHORA

A la vista de las nubes,
flota fresco tu recuerdo
en otra copa de champán.

La alborada se desploma
sobre mi cabeza.

Mientras tanto,
como salvavidas,
una idea se ha posado,
silenciosa,
justo ahora,
en la infinidad
del tragaluz:
la belleza
de un poema.

 

VEHEMENCIA

En el desierto de mi alcoba
te evoco como quien presiente
algún futuro,
un imprescindible oasis,
como quien podría presumirse tuyo.

Cierro los ojos:
tu imagen me contempla
desde un rascacielos,
me incita a llegar,
a alcanzarla en vuelo.

De pronto, por fin, quisiera ser globo,
deslizarme,
flotar con la placidez
y la vehemencia del amor,
con lo que queda de mí,
olvidando cada dolor.

Diego M. Eguiguren, Luces dormidas, 2017
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú
ISBN: 978-612-47002-0-3

Luces dormidas: comentario de Fabián Vique

Luces dormidas, Diego M. EguigurenPor Fabián Vique (Argentina)

«Sólo una cosa no hay. Es el olvido», dice el conocido verso de Borges. Y más adelante, en el mismo poema: «Y todo es una parte del diverso / cristal de esa memoria, el universo; / no tienen fin sus arduos corredores / y las puertas se cierran a tu paso».

El poemario Luces dormidas de Diego M. Eguiguren expresa el dolor de esa imposibilidad. Pero la palabra, engañosa, nombra, y en el nombrar crea presencia. No puede impedir la esperanza y con ella el retorno cruel de la ausencia.

La palabra se vuelve equívoca, porque de alguna manera revive lo que se ha ido. ¿Qué otra cosa será sino la imagen «la eternidad de tu espalda»? ¿Es ausencia o es presencia? El poema de la ausencia crea presencia. Por eso el poeta sabe que la palabra es engañosa.

La verdad, dice, está más allá del poema: «la tristeza es tan honesta / que ya no escribe versos», dice el poeta. ¿Pero cuál es la verdad de la poesía? La poesía dice la ausencia. La poesía nombra y nombrar es crear.

El poema crea, pero el poeta conoce el alcance parcial de la palabra. Alrededor de esa paradoja transcurren los poemas de este libro. Un libro donde un yo poético expresa esos vaivenes de la ausencia y la esperanza con un lenguaje sobrio, preciso y personal.

ACERCA DE FABIÁN VIQUE

Nació en Buenos Aires, el 24 de junio de 1966. Es profesor de Lengua y Literatura, editor y escritor. En 2008 fundó la editorial Macedonia. Pertenece al grupo literario Orden de la Brillante Brevedad (OBB). Ha publicado los libros Minicuentos (1997), Con las palabras contadas (2003), La vida misma y otras microficciones (2007), La tierra de los desorientados (2008), Variaciones sobre el sueño de Chuang Tzu (2009), Los suicidas se divierten (2012), Peces (2015) y Fábulas, fantasmas y fotocopiadoras (2016).

Antología poética Un camino de regreso

Un camino de regreso, de Diego Martín EguigurenPor Steven Vallejo Ramírez

Un camino de regreso. Antología personal es el quinto libro del escritor Diego M. Eguiguren. Su primera edición fue publicada en julio de 2017 por Eureka Ediciones.

El libro hace repaso de los poemarios El mar de los naufragios, Bajo un cielo de ceniza, Luces dormidas y contiene un adelanto del próximo poemario del autor: El balcón de la espera. Este trabajo fue comentado, en contratapa, por el poeta y crítico literario Ricardo González Vigil.

ACERCA DE LA ANTOLOGÍA (TEXTO DE ALBERTO BENZA GONZÁLEZ, LEÍDO EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO, EN LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LIMA):

La poesía de Diego M. Eguiguren irrumpe, como las olas del mar sobre las rocas, en medio de otras múltiples realidades. El lenguaje que el poeta emplea conlleva a que sus lectores padezcan, desde sus páginas, esa realidad que sus ojos ven, que sus oídos escuchan y que en su corazón ha quedado. Es la voz del ser que empuña un lápiz para comunicarle al mundo sus sentimientos, su fragilidad ante tantos miedos que le asechan. Un camino de regreso posee la filosofía de una vida llena de aciertos, de desaciertos, de vida y de muerte; una vida desde la que quiere hablar, desde la que quiere decir a sus lectores que es el hombre que ama, ríe, llora y padece, un hombre que en su cotidianidad se encuentra continuamente frente a frente con su finitud.

ISBN: 978-612-47002-0-6

CONTENIDO:

El mar de los naufragios

Restos de una vida en blanco
Un año más
La tierra del olvido
Mundo vacío
La marcha del tiempo
Hada de abril (naíf)
Verano azul
Veo recuerdos
Naufragios
Como tú y como yo
Cálida muerte en que nací
Huellas
Tantas formas
Lima ha despertado
Versos postergados
Ella (naíf II)
Las tardes de diciembre
Las horas de noche
Noches profundas
Siempre (en la noche del final)
He llegado hasta aquí
Veinte líneas
Esta mañana
Regreso

Bajo un cielo de ceniza

Al final
Desde el bar que nunca cierra
Tu rostro: un golpe bajo
Llueve
Perro sin fe
Metáfora de fe
Tu fotografía
Atardecer
Pez de tierra
Viaje
Las migajas de esos años
Magia
Las musas
Lago
Dédalo de tu lascivia
Sin saber para qué
Tu castillo de hielo
Tantas cosas
Cuarto vacío
El vacío
Bajo un cielo de ceniza
Por crueldad
A unos metros

Luces dormidas

A estas alturas
Todo lo que no
Siempre, incluso ahora
Madrugada en El Olivar
Colisión
Justo ahora
En otras latitudes
Autopoema
Piensa que…
Luces dormidas
Tu silencio
Colofón
Rociados de incertidumbre
Un día menos
Con la pena de muerte
Lo que resta
Nueva perspectiva
Con denuedo
Sólo pido una cosa
Vehemencia
Mi camino de regreso
Autorretrato de nosotros
Warning
Certezas
Pena al hombro
Por mi tristeza

El balcón de la espera

No diría que todo es tan malo
Desde el balcón
Armonía
Ajuste de cuentas
Fin de amor

Poemario Luces dormidas

Luces dormidas, de Diego Martín EguigurenPor Steven Vallejo Ramírez

Luces dormidas es el cuarto libro del escritor Diego M. Eguiguren. Su primera edición fue publicada en julio de 2017 por Eureka Ediciones.

El libro contiene 50 poemas breves y fue comentado, en contratapa, por el poeta y crítico literario Ricardo González Vigil.

ACERCA DEL POEMARIO (TEXTO DE ALBERTO BENZA GONZÁLEZ, LEÍDO EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO, EN LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LIMA):

Diego M. Eguiguren encuentra la fórmula efectiva para desechar los demonios, los vestigios de una realidad de la que está cansado y de la que quiere huir. Su resurgimiento, su vida verdadera y realización como poeta, sólo se hace posible ahincando en palabras gestadoras de versos líricos. Su poemario está inspirado en el derrotero de su espacialidad y temporalidad, de su aquí y de su ahora. Cada una de sus palabras está atravesada por la realidad humana de la que hace parte, gracias al contacto de cada uno de sus sentidos con la exterioridad. Luces dormidas es una resurrección espiritual sólo lograda en su poesía.

ISBN: 978-612-47002-0-3

CONTENIDO:

A estas alturas
Aquí
Todo lo que no
Siempre, incluso ahora
Madrugada en El Olivar
Sweet temptation
Colisión
Justo ahora
En otras latitudes
Oleaje
La inestabilidad
Esto, lo de siempre
Autopoema
Superviviente
Piensa que…
Luces dormidas
Llave maestra
Tu silencio
Colofón
Obertura
Rociados de incertidumbre
Cotidiano desastre
La espera
Antítesis
Un día menos
Con la pena de muerte
A destajo
Paradoja
En el oficio
Paralelismo
Tú, amago de verano
Todo esto
Lo que resta
Nueva perspectiva
Con denuedo
Sólo pido una cosa
Nadando en tus ojos
Verbos a distancia
Vehemencia
Mi camino de regreso
Autorretrato de nosotros
Warning
Certezas
Madrugada en El Olivar II
Pena al hombro
Candor
Por añadidura
Por mi tristeza
Lid
Esta noche

Acerca de Interludio

Logo de Interludio 1Fundado el 25 de enero de 2017 por Eduardo Alberca Ruiz y yo, Interludio es un espacio cultural dedicado a la difusión de letras musicales, versos, poemas completos y pinturas de diversos artistas.

La idea de este nombre, que además goza de mucha relación con el contenido de nuestra página en Facebook, parte de la canción «Interludio», escrita por el poeta Jesús María Cormán e interpretada por Mikel Erentxun en su álbum Acróbatas, de 1998.

Los objetivos de este sitio de encuentro son compartir gustos en común y, como algo no menos importante, difundir nuestra propia obra.

Esperamos estar lo más cerca posible de nuestros seguidores.

Pueden visitar la página siguiendo el enlace:
https://www.facebook.com/nuestrointerludio/

El mar de los naufragios: nueva reseña

El mar de los naufragios - EguigurenPor: Lucho Zúñiga

La carátula de El mar de los naufragios (Eureka, 2015), de Diego M. Eguiguren, muestra a un joven que sobrevive encima de un peñasco, protegido por una caja, en medio del mar.

Después de leer las dos secciones del libro, «Naufragios» y «Desde ninguna parte», agrego dos personajes imaginarios a la carátula: una musa anciana y otra joven. La anciana prefiere los versos más sombríos del náufrago, como aquel donde decide apostar sus cenizas en busca de respuestas, o convocar a «actores de películas de amor / varados al amanecer» perdidos al igual que él en su peñasco. La otra musa, la más joven, es la que prefiere los versos que otros poetas y cantantes repiten: «Musa de genios / sublime mujer / baño noviembre / con versos de ti». Esto enfurece a la anciana que le recuerda, una y otra vez, que él también fue capaz de convocar atmósferas cantando «la cálida muerte en que nací», palabras que van formando la «caja» protectora encima de esa isla de piedra.

La síntesis de la lucha entre estas dos musas se revela con claridad en la última estrofa que cierra «Naufragios»: Y ahora estoy aquí / en ninguna parte / escribiendo poemas / que no lee nadie». Entonces, más que frente a un poemario, estamos frente a la misma peripecia vital de su protagonista que dice: «Y yo / vestido de negro / leo mi biografía / en un libro de páginas en blanco»; es decir, que no le teme a la conciencia del fracaso, del silencio de aquel que no fue escuchado, silencio que necesita con urgencia el alimento de imágenes poéticas.

La musa joven celebra cuando el poeta declama y lo obliga a olvidar a la anciana que aborrece esa música. Es esa anciana que es la historia de la Poesía la que vuelve de nuevo, porque sabe que la lucha dará frutos en el tiempo.

Ese momento en que el yo poético dice regresar «de un oscuro letargo a la cabaña gris de mi presente» para sentenciar en la última línea del libro «pido perdón por existir» es cuando nos damos cuenta de que el invierno de Eguiguren es en verdad un autoexilio. Su propuesta es no tener miedo en decirle al lector cómo son las canciones de su mundo subterráneo, esos «poemas que nadie lee» escritos desde «ninguna parte».

Y la anciana de la Poesía no olvida versos, es por eso que regresa a El mar de los naufragios que sólo existe en el mapa sensorial de Eguiguren, un lugar que promete la muerte de la falsa poesía ante la cual el poeta se rinde, porque la soledad de sus propias olas sólo le dejan escuchar esa música.

Fuente: Revista cultural El Hablador

http://www.elhablador.com/blog/2016/04/01/resena-a-el-mar-de-los-naufragios-de-diego-m-eguiguren/

Bajo un cielo de ceniza, segunda edición

Bajo un cielo de ceniza - EguigurenPor: Daniel Frini

Bajo un cielo de ceniza (poesía y minificción), de Diego M. Eguiguren, editado e impreso por Editorial Micrópolis, va por su segunda edición. Leerlo fue una gratísima experiencia.

Diego organizó su libro en capítulos o secciones («Como se lanza una piedra al mar», «Metáfora de fe», «Caminos secretos», «Aroma de antaño», «Cátedra», «Un abismo por conocer», «Por enésima vez», «Tantas cosas» y «Habitación») que actúan como aglutinantes de sus poemas y sus textos de narrativa. Y acá aparece la primera trampa: todas las microficciones destilan poesía. Es decir, sin ser narrativa poética, rebosan de imágenes y sonidos que las alejan de la narrativa. Por tanto, Bajo un cielo de ceniza se me antoja un libro de entera poesía. Y bienvenidos sean los poemas de Diego.

Bien sabido es que la poesía es mágica, misteriosa. Y que leer poesía es, además, un acto solitario, personal y múltiple ―múltiple en el sentido de que, como en la física existe el espacio/tiempo, acá existe una especie de tiempo/sentimientos; y no será la misma poesía la que leamos estando melancólicos que alborozados―. Y en ese sentido, Bajo un cielo de ceniza es ideal para ejercitarse.

Descubrí varias cosas:

Por ejemplo, que Diego falta a la verdad sobre las razones por las que escribe ―acá está la segunda trampa― cuando dice en «Lo que repitió Bukowski durante un día completo»: Qué lástima tener que despertar siempre a destiempo, Charles querido, y es que se me olvida decirte que los poemas de amor los escribo por oficio y compromiso. De leer a Diego uno entiende que no es posible escribir esa poesía por simple oficio ―que lo hay, claro está― o por compromiso. La de Diego es poesía que sale de las entrañas.

Encontré, por fin, la tercera trampa: si se está lo suficientemente atento, se descubre otra poesía oculta ―metapoesía, quizá― que se puede entrever desde la primera estrofa de «Al final», poema que abre el libro, hasta la última de «A unos metros», que lo cierra. No está escrita, en el sentido de poema organizado en estrofas, pero está allí, como un viaje pendular entre el desamor (Sentado en esta silla oxidada pienso en rumbos desconocidos, en caminos secretos. Vuelvo a levantar mi copa, rajada por penurias y derrotas ―en «Caminos secretos»―) y la esperanza (Ahora que la luna exhibe tanto / que la muerte ruega tregua / que el presente nos enmienda / el amor nos ha salvado ―en «La muerte ruega tregua»―) para volver al desasosiego (Veo / desde el ático / gaviotas que vuelan / buscando el amor en el cielo / y terminan por caer / como siempre / al pantano más triste del tiempo ―en «Tu castillo de hielo»―).

Diego tiene una manera especial de escribir hermosas metáforas de los sentimientos. Creo que no las piensa al escribirlas, que las dice así porque están allí, en su intuición: En «Desde el bar que nunca cierra» dice: Seguramente juzgarías / y con razón / que estoy exhausto de resucitar; en «Cuarto vacío»: La tos se burla de mí / tengo vidrios rotos en la voz; y en «Tu fotografía»: Lo articuló un amigo poeta: «Descarrilado, pero en línea recta».

Y Diego tiene, también, la justa manera de reunirnos con el amor, a pesar de todo: El día que te tenga / —así sea— / te regalaré un planeta / una estrofa nueva / y una historia bella (en «Pez de tierra»).

Un comentario especial merece la siempre extraordinaria edición de Micrópolis: cuidada, precisa y de calidad (con una hermosa ilustración de tapa: Sueño: abrir y cerrar de ojos, de Lucía Bertarini), que deja leer con placer.

Acerca del reseñista:

Daniel Frini (Córdoba, Argentina, 1963) es escritor, poeta y artista plástico. Ha sido distinguido con varios premios literarios, entre los que se encuentran: 1er Premio en el género «Cuento» del IV certamen de Cuento Breve y Poesía Cosme Sebastián; Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve para Niñas y Niños «Garzón Céspedes», con su obra breve «Ludmila y el Ratón Pérez» (2009, Madrid / México D. F.); Premio «La Oveja Negra» de Microrrelatos con su cuento «Siseneg» (2009, Buenos Aires, Argentina); 1er Premio del IX Certamen Internacional de Poesía «La Lectora Impaciente» (2011, Gandía, Valencia, España) con su poema «¿Recuerdas, amor, cuando cayeron las bombas?».

Fuente: Revista cultural El Buen Librero (http://elbuenlibrero.com/bajo-un-cielo-de-ceniza/)

Cinco poemas del libro Bajo un cielo de ceniza

DESDE EL BAR QUE NUNCA CIERRA

Diré que todo fue un craso error,
y lo diré con razón.
Diré que ahora paso las tardes
extraviando mis ideas
en un libro de otoño y que,
al anochecer,
un bar que nunca cierra
me da la salvación.

¿Qué pensarías de esta situación
si me vieras aturdido por nuestro huracán?
Seguramente juzgarías,
y con razón,
que estoy exhausto de resucitar.

Alguna vez me tomaré un día libre
y reservaré,
en un café,
una mesa para dos:
me explicaré las cosas
que nunca fui capaz de contestar
cuando me fui por la mitad.

¿Qué puedo ahora callar?
Me importa lo que digas
y lo que sentencie tu pensar,
pero sé que ante tus ojos
yo no soy real.

Los meses,
grises y apenados,
se marcharán sin avisar.

¿Quién vendrá después a higienizar
este aguacero?
Ya luego se verá.
Una noche más,
y por tantas otras más,
sólo me apetece levantar las copas
y brindar,
brindar para olvidar.

 

LAGO

En realidad,
y aunque lo niegue,
has logrado rescatarme
de una vida de muerte.
Hoy ya no tengo más escombros
del infierno que sentí.
Entiendo que no es fácil de creer,
pero afortunado te diré
que, más allá de vivir mis días más felices
y de haber salvado a mi risa de su entierro,
no concibo otro futuro
que morirme en tu lago
cada noche y en sosiego.

 

TU ROSTRO: UN GOLPE BAJO

Veo tu rostro de golpe bajo
sobre la niebla
de penas sin fondo
y un bar cerrado.

Triunfos de barro,
sueños vacíos,
golpes certeros
en este presente
de sed y de olvido.

Desorientado
cruzo la calle,
oigo en silencio
tu voz de sangre.

Veo tu rostro de golpe bajo,
vuela en el cielo
como un cometa
de amores falsos.

Viejas batallas,
balas de antaño,
sobres sin nada
en este presente
de cartas en blanco.

Desconcertado
cruzo otra calle,
busco un albergue
en tierras de nadie.

Veo tu rostro de golpe bajo
sobrevolando cerros
de errores
y un río helado.

No hay esperanza,
no queda nada.
Y veo al pasado
con armas blancas
en tu mirada.

 

CUARTO VACÍO

La tos se burla de mí,
tengo vidrios rotos en la voz.
Esta madrugada he terminado una obra eterna,
he recogido mi garganta
y me he dirigido a mi habitación.

Descanso entre llamas
y en perfecto silencio.
Te siento a mi lado,
ya no tan lejos.
No mueres conmigo,
pero cierro los ojos
y puedo besar,
con reposo,
tus párpados tranquilos
olvidándolo todo.

Entre sueños te observo,
en la cama dormitas como tigre dormido.
Me entrego a tus campos y medito,
con sosiego,
si mi vida ha progresado,
si sigue siendo de cartón
o ahora es de anhelos.

Y todo,
absolutamente todo
por echarte de menos
en este cuarto vacío
que extraña tu amor,
tu amor y tus besos
de Dios y de fuego
que exige mi prado
en todo momento.

 

BAJO UN CIELO DE CENIZA

He permanecido aquí,
en la blanca tempestad,
desolado y descifrando
a qué se debe este fracaso,
a qué se debe este final.
Puede que las respuestas
no las encuentre
bajo un cielo de ceniza
y que maldiga el futuro
que se fue detrás de ti,
pero al haber ya comprendido que,
al menos contigo,
en el amor más vale nunca que tarde,
he preferido contemplar
el panteón que hay sobre mí.

Diego M. Eguiguren, Bajo un cielo de ceniza, 2011; 2015
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del perú
ISBN: 978-612-46537-7-3